jueves, 19 de mayo de 2016

42. El nombre verdadero

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Roberto Bertero



Lo primero que hizo Adán en el Paraíso, después de que Dios le diese un “alma viva”, fue dar nombres. Dios le impone la tarea de dar un nombre a todas las cosas, a todos los animales y plantas, y –como añade expresamente la Sagrada Escritura- “como él los llamase, así se llamarían”. Este es el primer acto poético del hombre, con él comienza la historia de la humanidad.

Dar un nombre –no sólo una designación, sino su verdadero nombre- a las cosas y a los seres todavía anónimos es la más íntimamente humana de todas las facultades humanas, sólo por medio de ella se pone el hombre en contacto con lo conocido, sólo así se vuelve todo ello realidad, en cierto sentido parte de sí mismo, al mismo tiempo él separa así lo individual, lo provisto de nombre, del conjunto anónimo, como si existiera ello solo. Eso es, por así decir, un pecado necesario, pero de otro modo no puede enfrentarse al mundo, no puede convertirse en un ser consciente. A lo que no se puede distinguir de uno mismo no se le puede dar un nombre.

A mí me parece que la mayor parte de todo trabajo poético consiste en dar un nombre a lo todavía anónimo, pero el nombre verdadero cada vez, pues el nombre no verdadero, la mentira, priva de su realidad a lo nominado. No se puede poner uno en relación con ello sin perder uno mismo realidad por eso, el trabajo del poeta es algo enormemente importante, mucho más importante de lo que cree la mayoría de la gente.

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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

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